viernes 31 de julio de 2009

¿Venus y Marte son incompatibles?

Esto se acabó. Ya no me queda fuerza para continuar. Es que no puedo comprender cómo he llegado hasta aquí, me parece increíble. ¿Cómo puede ser que dos personas como nosotros se hayan sentido atraídas mutuamente? Se supone que, si estás con alguien al que de verdad quieres, deberías respetarle, entenderle, saber ponerte en su lugar y hacerle feliz. Y el caso es que eres dulce y cariñoso, pero me hunde que cada vez que intento entablar una conversación contigo me respondas con monosílabos desganados y sin vida. No te gusta ir al cine ni pasear, no te caen bien mis amigos y yo detesto a los tuyos. Y es verdad que eres muy simpático y agradable si te lo propones, pero explícame que puedo esperar de alguien cuyo único plan de noche es irse a cualquier bar y, con una cerveza en la mano, discutir con el borracho más cercano la potencia de tu moto o el culo de la camarera. Cuando quieres, eres un encanto, pero estoy harta de ser la que tira del carro y la que tiene que ceder siempre por culpa de tus ideas machistas y egocéntricas. Yo necesito algo más, alguien que se dirija a mí de igual a igual, con respeto y cariño. A lo mejor si me alejo de ti encuentro a un chico así, o quizá es cierto eso de que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus…

miércoles 29 de julio de 2009

Fantasmas del Pasado

Es jueves, y a las 5 de la mañana ya estoy en pie. Hoy es uno de los días (junto con el martes) en los que, como digo yo, madrugo. Lunes, miércoles y viernes, como me levanto a las 7, no toca madrugar. Tratando de hacer el menor ruido posible (aunque es complicado, pues las tablas del suelo crujen y mi puerta chirría) me visto y bajo a prepararme el desayuno. Bostezando, meto la toalla, las chanclas y todo lo demás en la bolsa de deporte tirada en una esquina. Además, preparo la mochila del instituto, dejando fuera el libro de Historia: tengo examen a tercera, estudiaré mientras desayuno. ¿Se me olvida algo? Creo que no… A las 5.30 oigo bajar a mi madre, pasos lentos que se arrastran con sueño por el suelo enmoquetado. Nos montamos en el coche rápido y en silencio. Cae una suave llovizna, seguro que a la hora de entrar a clase ya está diluviando.
Al llegar a la piscina, me bajo y corro hacia la entrada para no mojarme más de lo estrictamente necesario. En los vestuarios no hay nadie aún, me gusta llegar la primera y ver llegar a los demás. A las 6.00 el entrenamiento comienza y, con un salto de cabeza limpio, me zambullo en el agua. Al momento, todo el sueño y las preocupaciones desaparecen, disueltas irremediablemente en agua clorada, y la cabeza se me despeja. Ahora sólo existo yo, y el agua, el enemigo que he de vencer con cada brazada que daré durante la próxima hora y media. Y bueno, ocasionalmente también ese chico de la calle 4 (yo estoy en la calle 5), con su sonrisa radiante y sus brazadas amplias y potentes. Es único, nunca he visto a alguien como él. Nadar me vacía la mente de todas las ideas que pueda haber, pero su presencia me la llena de pensamientos contradictorios, que nada tienen que ver con el entrenamiento. Llego a la pared y volteo para seguir en dirección contraria, y el volteo me descoloca estos pensamientos. Tengo que centrarme.
Hora y media más tarde, y con casi 4km recorridos a mi espalda, salgo de la piscina. Me visto rápido (con el uniforme verde que tan poco me gusta), recordando el examen a tercera. Luego subo y me siento en las gradas, sacando mi libro de Historia y el termo de Cola-Cao. Que triste… A eso de las 8.45, recojo y me dirijo a la salida: mi madre estará a punto de llegar. Mis predicciones han resultado correctas: diluvia. Otro coche llega y un chico pasa corriendo a mi lado, también con la bolsa de deporte al hombro. Antes de entrar al coche, se vuelve y me dice adiós con la mano con una sonrisa capaz de derretir la Antártica. Es él, el chico de la calle 4.
Entonces suena el despertador y abro los ojos, comprobando que, desgraciadamente, todo ha sido un sueño. Yo ya no voy a natación, ya no vivo en Irlanda y, lo peor de todo, me encuentro a miles de kilómetros del chico de la calle 4. Apago el despertador de golpe y me hundo en la almohada de nuevo, intentando recuperar ese maravilloso espejismo, esa visión fantástica que me ha permitido revivir esas mañanas rodeadas de sueño, agua clorada y felicidad…

domingo 26 de julio de 2009

Eres mi mundo

Escúchame un momento
Pues tengo algo que decir
Y puede que te parezca absurdo
Pero es importante para mí.
Quería que supieras que
Sin ti no hay luz en mi vida,
No hay aire para respirar,
Es un mundo de mentira
Porque eres el sol en invierno
Y también la brisa en verano,
Eres el agua de los ríos
Y la hierba de los prados.
Eres el sabor salado del mar,
La dorada arena de la playa,
En los rosales, eres la rosa,
En los pájaros, eres las alas.
Eres el brillo de mis ojos,
Eres la fantasía de mis sueños,
Eres la sonrisa en mis labios
Y la dulzura de mis besos.
Eres la estrella más brillante
Y hermosa que hay en el cielo.
Sin ti mi mundo está vacío,
¿Por qué? Porque TE QUIERO.

miércoles 22 de julio de 2009

Brisa de verano

Ven, deja de mirar atrás. Los problemas los hemos dejado en casa, arañando la puerta que la brisa de verano cerró tras nosotros cuando salimos corriendo. Hoy está prohibido preocuparse, ¿vale?
Ven, huele la libertad. Deja que la brisa de verano te guíe hasta un lugar sacado de un cuento de hadas donde podamos estar solos. Donde podamos olvidar la realidad y dar rienda suelta a nuestros corazones para que vuelen juntos más allá del infinito, sin que nadie los obligue a volver a las preocupaciones de la Tierra.
Ven, túmbate aquí conmigo para contemplar el cielo que se extiende sobre nosotros como un manto oscuro salpicado de los más hermosos diamantes. Envuélveme en tu cálido abrazo y déjame probar, una vez más, la suave dulzura de tus labios, para no olvidar jamás el sabor de la hierba fresca, la brisa de verano y la felicidad.
Ven, toma mi mano. Es hora de volver. Pero me señalas hacia el cielo y al mirar veo la estela plateada de una estrella fugaz que se lleva con ella nuestro beso para que nadie lo pueda dañar nunca. Y le pido a esa estrella que la brisa de verano nos vuelva a regalar otra escapada pronto.

miércoles 15 de julio de 2009

Presents

Quiero hacerte un regalo antes de marcharme. Pero, ¿qué regalarte? Porque no todos los regalos son iguales. No quiero darte uno de esos regalos comprados en el último momento en el Todo a Cien de la esquina, absurdo y sin significado ni utilidad. Quiero regalarte algo especial, algo que ilumine tu habitación con mi presencia incluso en los días más lluviosos, que te recuerde que yo siempre estaré ahí para lo que necesites. Es más difícil de lo que parece. Tiene que ser algo que dure para siempre, que no se marchite, apague, muera; porque si no, perderá su significado y me olvidarás. Llevo semanas pensando y me voy dentro de poco. Vamos, piensa, piensa, piensa… ¡Ya lo tengo! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Es perfecto. Te lo daré el lunes, un día antes de marcharme. Es un papel. Un papel con mi nombre y dirección escritos en él. Es que me he dado cuenta de que el mejor regalo del mundo, el regalo más grande que te puedo ofrecer es mi cariño y amistad.

lunes 13 de julio de 2009

Surprise!!!!!!

Miro por la ventanilla. Nada más que nubes a mi alrededor. Fue tan sólo ayer cuando me desperté con una idea. Hice la maleta, llena de sudaderas y gorros en pleno verano. Un autobús tras otro hasta llegar al aeropuerto, y no miré atrás ni una sola vez, pues lo que quería lo tenía delante. Pasé la noche en el aeropuerto de Londres (qué sillas más incómodas, por favor). Subo el volumen de mi mp3: me ha tocado al lado de los motores, como siempre. Miro el reloj. Debemos de estar a punto de llegar. Sí, ya estamos descendiendo. Cruzamos la barrera de nubarrones, que divide el cielo en dos: arriba, sol; abajo, lluvia (cómo no). Muerta de sueño, bajo del avión mientras saco la documentación que he de enseñar a todas esas personas para que me dejen pasar. Después de recoger la maleta (que salió la última, para no variar) me dirijo a la puerta de salida translúcida. Puedo ver que sólo queda una persona esperando. Pobre, seguro que ese que debería haber llegado ya se ha equivocado de puerta… Al acercarme, las puertas se abren dejándome pasar, y al levantar la vista me quedo de piedra. No puede ser. No pensaba que recibirías mi e-mail, ¡me dijiste que no lo usabas nunca! Y a pesar de todo, ahí estás. Corro a abrazarte, incapaz de pensar más, pues mi mente ha sufrido una parálisis momentánea, saturada de emociones. Cogidos de la mano vamos hacia la salida del aeropuerto, donde un taxi nos espera. Va a ser un verano inolvidable.

viernes 10 de julio de 2009

Número Dos

Hay ciertas personas, las que podemos llamar Número Uno, a las que la vida les ha sonreído en todos los sentidos. Son guapas, con una figura envidiable, populares, con dinero y suerte, todo lo hacen bien y todos las admiran. Por otro lado, están las Número Dos. Yo pertenezco a este segundo grupo, y no es difícil adivinarlo. Soy fea y desproporcionada. Siempre tengo que estar ahorrando, pero nunca tengo suficiente dinero para nada. Y soy extremadamente introvertida, por lo que aburro a la gente y casi no tengo amigos. A pesar de que he intentado hacerme notar en muchas cosas (diferentes deportes, música, arte…) no he destacado en ninguna, pues, como buen Número Dos, no hago nada bien. Y cuando hago algo medianamente bien, viene un Número Uno y me arruina el momento con su perfección divina. Lo único bueno que tengo es que saco buenas notas, pero se ha convertido en rutina y ya nadie se sorprende, y además me ha regalado el sobrenombre de empollona: qué bien, lo que me faltaba. Yo soy esa persona que siempre va detrás, en plan criada, y en la que nadie repara, porque es estúpida e insignificante. Mira que yo no soy creyente, pero algún Dios tenía que estar de mala leche para crear un personaje como yo. Constantemente superada, ignorada, utilizada para el bien de los Número Uno, el blanco de las burlas, la Número Dos idiota que se pega a los Número Uno aspirando a ser algún día como ellos.
No moriré pronto, porque soy tan cobarde que sería incapaz de quitarme mi miserable vida, así que acabaré como una vieja solterona amargada, eclipsada eternamente por la magnificencia de los demás, Número Dos para siempre.